martes, 11 de diciembre de 2007
Noviembre
Resultó que viajando, cruzando muchas fronteras, la intención existió, como existe de estar aquí cada vez que pueda, quiera o necesite.
Pero la escusa que me redime es la novela que escribo, no me quita el sueño pero si el tiempo de pasarme golpeando teclas entre presión y nervios.
Ya vendrá gente, la tendrán a mano y hasta me animaré con algún anticipo. Irrelevante para la literatura seguramente pero espero que merezca la mugre de los libros de playa algún día por lo menos.
Estuve en la madre patria unos días, no la biológica España sino la conquistadora, la apropiadora USA. Allí donde el primer mundo se pasea por cada rincón. Incluso donde duermen los indigentes los sueños de los esclavos, o las pesadillas placenteras distantes de el mundo perverso que los rodea, casi como en todas partes, el olvido te vuelve invisible y las lágrimas te coronan solitario.
Orden incómodo el de andar tan ordenado, hasta el desorden tiene lugares preasignados. Abandono el idioma de Cervantes y Cortazar, pero Borges me susurra al oído que aproveche y que me atreva con el de Shakespeare. Le hago caso y me río, me escucho delirando, animándome a más de lo debido. Concedo el adjetivo sustantivo de turista sudamericano, a quién le duelen los precios tanto como los callos de caminar para conocer y evitar los taxis y el tránsito.
Me despierto un sábado en la ciudad de los petroleros y el mundo parece detenido, salgo a la calle y siento que la humanidad ha terminado y soy el último habitante vivo del planeta. Hasta que veo a mis congéneres culturales, los latinos, inmigrantes la mayoría, ilegales casi todos, que pintan de impecable una ciudad casi desierta.
Marta, Francisco, José, María, Rosa, todos López, García, Montes, Lozada o simplemente Ruiz.
Son las variables ocultas de ajuste de una economía increíble, abaratan las tareas operativas. Esos negritos, gordos de mal alimentados, o los mojados latinos hacen funcionar el mundo como los duendes de Papa Noel fabricando juguetes. Barren, cuidan, cortan, levantan, construyen, arreglan, limpian, ordenan y sobreviven con poco.
Economía del primer mundo hipocresía de cuarta. Un país increíble, de gente agradable pensado en grande para afuera, manejado apenas hacia dentro.
Extrañe el mate, la humedad, la siesta, el mangueo, la coima y el asado. Me sentí incómodo pensando en el orden que buscamos por estos pagos, queriendo ir hacia un lugar que no existe, si no es que lo creamos. NOSOTROS.
Nos olvidamos de creen que podemos ser "nosotros", confiar y pensar que hay mucho trabajo en camino para construirnos en la complejidad de hacerlo inclusivamente amplio y simple. Agrandamos los sueños y achicamos cimientos. Eso hacemos y hemos hecho.
Viajar es hermoso, pero llegar no es fácil, uno nunca vuelve completo, gana y pierde peso. Alma, corazón e intestinos sufren en cada llegada y partida. Pedazos de uno se resignan y abandonan el viaje de ida o de regreso. Así los amigos tienen una porción pequeña de mi alma, donde sea que estén ellos o yo. El corazón en cambio lo reservo para mi familia pequeña, lo dejo en sus manos cada vez que me alejo.
Ellos se quedan con todo el músculo cardíaco por razones poco razonables, más que nada emocionales. Se lo ganaron de apoco, con caricias de mamitas pequeñas antes y con los "miní papi, mini (vení papi, vení)" cada vez que internet me facilita el puñal de la distancia acortada por la instantánea de la video conferencia.
Nos vemos pronto, lo juro.
lunes, 22 de octubre de 2007
Una en treinta millones
- Por?
- Y, un día nadie tiene página web y a la otra semana todo el mundo tiene un blog, todo se confirma por celular, te lo piden por mail y se hace el novio por mensajitos de texto, lo único que falta es que encarguemos bebes por acá...
- Para loco!!! de que hablás...
-Por acá, por la máquina, por el celu y la computadora quise decir!
-Ahhh me asustaste. Te vi así de chomba rosa a la mañana, fuiste al recital de Soda y ahora esto... Digo, bueno... el Loco se hizo marica...
-Cacho, no... eeeeehhh
- Bueno che, una joda. Que te crees? Estoy hasta las manos y vos navegando en esos Blogs o que se yo como se llaman.
- Ah, si!!!! Ahora sos el primer laburador. Que te paso Cacho, mal finde?. Se negó la bruja?
- No, que va, la bruja es una leona en primavera. Lo que pasa que fuimos a lo de mi suegra el domingo. Día de la Madre.
- Uuuh claro, no tenías la excusa de tu vieja
- Ni me hablés...
- Dale Cachito ni que fuera tan jodida
- Jodida? Mi suegra es la hija de una ex-presidenta del sindicato de putas. Flor de hija!!!
- Muy bueno, muy bueno...
- No, de verdad... la vieja se crió en un prostíbulo, la abuela de mi jermu era trola. De las de antes viste.
- y que diferencia hay ahora?
- Bueno antes parece que era más exclusivo. Según la vieja la "chuchi" como ella dice, sólo la veía y tocaba en privado el que pagaba.
- Será así? Alguna vez se habrá hecho sacar una foto en bolas.
- En bolas? Si en las fotos que vi tenés que adivinar el grosor del cuello porque apenas se le ve...
- No digas...
- Si te digo. Pero después de todo fue un finde productivo.
- No me digas nada, viste los pumas, ganó River, que más podes pedir...
- Callate, me quedé sin cable
- Te olvidaste de pagarlo. No te perdonan una loco, son terribles...
- No, no, me descolgaron, hacía como un año que estaba trucho.
- Y entonces? Por qué fue productivo?
- Me di el gusto, descargué las broncas de años con la suegra
- No, le cantaste las cuarenta!!!
- Algo así
- Con razón el mal humor, tu mujer te echo de la casa entonces.
- Callate gil. No entendes nada.
- Entonces?
- Era el día de la madre, así que jugado por jugado con la visita a mi suegra, le propuse ir al cementerio.
- Que tierno
- Si. Cuando llegamos allá, le pregunté a la vieja cómo se había criado ella en ese ambiente, el del cabarulo de antes. Dijo que la madre la había cuidado y separado a tiempo de los "pecados de la carne".
- No jodas
- Si, así me dijo. Entonces le digo a mi suegra: "La verdad que su madre por ser una puta fue muy inteligente"
- Y que te contestó?
- "Sí", me dijo, "fue además muy respetuosa de mis cosas y me mandó a la escuela a estudiar para progresar. Aunque siempre respeté y respeto a las mujeres de la noche. Bueno a las de ahora no porque son poco profesionales, salen en todos lados mostrando todo, como en lo de Tinelli."
- Y... un poco de razón tiene
- Entonces vi la oportunidad. Soñada, única, un golazo de media cancha. Pretendida por cualquier yerno o nuera, una posibilidad de uno en treinta millones...
- De qué hablas?
- Dejame que te cuente, che! Temeroso y un poco buscando el tono correcto en mis pensamientos le dije: "Suegra, la verdad que usted con la infancia que tuvo, es toda una mujer de su casa. Digo..., por ser hija de puta..., no?"
- Noooooooooo, así de una le dijiste?
- Siiiii, no ve s la cara de sueño que tengo? El codazo de mi mujer no me dejó dormir en toda la noche. Creo que me rompió una costilla. Pero la vieja se emocionó con lo que le dije. Y yo también. Imaginate. Se-lo-dije!!!!
- Cacho sos un genio!!!
- Che y que decías de la internet?
- No nada, que estos de los blogs son un desastre. No sabés cuando escriben, cuando no...
- Che, te parece si hoy nos clavamos un choripan de costanera?
- Estás loco! Tenemos como cuarenta minutos de viaje en el 103, más la caminata...
- Yo pago, dale!!
- Uh, vamos entonces. Incluí la birra ratón, eh!
- Pará, pará, cerrá internet que después dicen que no laburamos
- Tenés razón loco. Se la pasan con eso del "mesenyer" y nosotros laburando como perros"
- Daleeee. Vamos
NOS VEMOS
miércoles, 10 de octubre de 2007
Desagravio a tu olvido (apuesta literaria UNISEX)
Definitivamente mi problema no es tu olvido, lamentablemente sigue siendo tu recuerdo."
París, abril 1949. Alicia P. ó Augusto L. (según convenga)
Nos vemos...
miércoles, 3 de octubre de 2007
Volver... con la frente marchita
Primavera de por medio, empiezo a sentir el cansancio de un año que como todos tenía mi promesa de ser relevante, les diría trascendental. Cosa que nunca ocurre a la manera prevista, siempre la vida tiene ese toque mágico de jugar con los sueños que uno siembra. Llega entonces Octubre, el sol más presente, calorcito, sensualidad femenina por doquier y uno ya piensa en las vacaciones de verano.
Playa, río, laguna o pelopincho. Paturuzú, Borges o Coelho. Punta, Mardel, Las Toninas o terraza. Cualquiera de todas esas cosas me viene bien ahora. De preferir, prefiero esto a aquello. Pero no es cuestión de desnudar mi brutalidad en intimidades culturales obscenas o inversiones recreativas.
Asi es que esta publicación es más un pretexto que un hecho concreto. Positivo porque se trata de retomar, de volver al camino. Lo de la frente marchita es más una expresión tanguera que una realidad, porque convengamos que el título pega, o no?
Pero... no quiero que se vayan pensando que hoy voy de relleno más que de contenido, así que les dejo un "güesito" hasta retomar el ritmo gimnástico literario vulgar que acostumbro.
Capuccino boliviano
Aeropuerto Viru Viru, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. 19.30 horas. Afuera 29.3° adentro 16.5°. Poco tráfico aéreo por ser jueves. Pero mucha gente, de acá para allá y de allá a no se donde.
Pago las tasas del aeropuerto, en dólares. Pierdo plata, me convenía pagar en billetes cristianos.
Tengo tiempo de sobra para el "check in" asi que doy una vuelta, no hay mucho para ver y tengo poco para gastar. Todo vale lo mismo que en cualquier aeropuerto del mundo. El doble o el triple que en la calle. Precio internacional que le dicen, incluso para las artesanías indígenas.
Vuelvo al lugar de la aerolínea, de bandera nacional del país de destino (que era también el de mi origen, voy de vuelta). Ahí los muchachos de atención al público nos explicaban no sellar las valijas por el chequeo de los pibes de la DEA que andan por ahí atrás. "Saquen los candados del cierre, no les pongan protector, etc". Yo les hice caso, quité el candadito pusilánime, ellos me sacaron después algunos regalos para mis familiares de adentro...
Despacho de equipaje y control de rigor, pasamos por el escaneo. SUENO. Llaves no tengo... El cinto no es. Sacarse los zapatos, el resto del mundo te mira raro. Alguno incluso ya es capaz de verte con turbante o chaleco de explosivos. Paso, sigue sonando...
Vienen dos guardias, de pantalones largos que les quedan cortos (algo común en los agente de seguridad de locales comerciales, por si no se dieron cuenta). Policía militar dice el casco de ambos, tienen en la mano un instrumento raro, más grande de lo esperado. TIEMBLO.
Resulta ser un detector de metales antiguo. Me suena en el pecho aunque no tengo ni cadenas ni implantes. Maldita costumbre de enganchar la lapicera sobre el tercer botón de la camisa. Me miran feo, sin amenazas, pero leo en esos ojos la frase de mi abuela: "pero hay que ser pavote, ehh". En el avión no esperan, corrí por si acaso, no sea que ....
Llegué a tiempo.
Viendo la cola para ingresar al avión, pensé en darme un gusto en tierra, por si las moscas (eso digo siempre, un poco por Gardel y otro por cábala).
Me acerqué hasta la máquina de café automática, puse una moneda local y pedí capuccino para amenizar los pocos minutos antes de subir. Retiro el vaso caliente, me quemo pero aguanto, para no pasar por maricón. Quema de verdad, asi que cambio de mano. Cuando giro, una de las señoritas del vuelo me pregunta si ese es mi vuelo. Le digo que si, convencido. Me pide el pasaje, lee y sonriendo despectivamente me dice que los del sector D subieron antes, que por favor suba, sin importar los que tenía delante.
Como me indican, camino por el costado de la fila, donde más de uno era Argento y por ello más desconfiado que el resto. No me estaba colando y mi mirada evitaba las del resto tratando de parecer que no era más piola sino que obedecía tímidamente. Llego a la puerta, mostrador, señorita de la aerolínea de pocas pulgas y muestro mi pasaje. "Suba" me dice con el tono de un cabo primero a un recluta nuevo. "Pero sin el vasito" me grita.
UUUUUhhh, tragué el capuccino caliente hasta la mitad. Lo que sentí se dibujó en el rostro, de colores variables y un suspiro auxiliador. Ahí paradito, haciendo esperar al resto con medio vaso todavía en mi mano, decidí encarar el segundo trago volcánico. Entonces la monja de unos 60 y pico que estaba detrás me pregunta la hora. Justo a mi, que estaba en ese momento a la mitad del recorrido entre sostener el vaso y quemarme la garganta...
En un reflejo digno de cualquier agente secreto, giré mi brazo izquierdo para mirar las agujas del reloj. Inevitablemente el capuccino decoró la camisa celeste, el patalón marron y la alfombra azul.
Las risas fueron espontáneas, el aplauso lo pedí yo.
Nos vemos...
martes, 11 de septiembre de 2007
"Ninguna mujer nace puta"..., pero todos lo hombres nacen boludos
Ahora si, volviendo al título que bautiza esta entrada, quiero exponer las razones de TODO lo que implica lo uno y lo otro. Créanme, no es un comentario misógino ni descalificador, es casi un análisis lingüístico sin la rigurosidad merecida.
Siempre me ha sido extremadamente complejo intentar explicarle a una mujer lo que el término PUTA, significa para, según creo y sostengo, los hombres que intentan no ser tan machistas. La cuestión es simple: trola, puta y prostituta son sinónimos que no implican graduación alguna. Describen las actividades económico laborales de mujeres dedicadas a una de las profesiones más antiguas de la historia de la humanidad. Intercambia su cuerpo y sus artes como servicios (mercancía) por bienes o moneda corriente, durante un tiempo determinado y por un arancel acordado con anticipación. Puta en definitiva resulta para los hombres un sustantivo, aunque también es cierto que un arma de ataque como adjetivo descalificador que cala hondo en ellas.
Para la mayoría de las mujeres (léase para el 99,9%) la cuestión es mucho más compleja, enredada. Y permítanme llevar esta cuestión a un ejemplo para ponerlo en situación pseudo hormonal y si se quiere trivial pero significativo a mi modo de ver. Los colores y su denominación.
Para un heterosexual, el color naranja es color naranja. Los matices se describen aplicando adjetivos como oscuro, claro, suave, fuerte o fluor como máxima sofisticación. Para ustedes mis queridas niñas, el naranja no existe. Es caqui, maíz, camel, eléctrico, ecléctico y no sé cuantas variantes más. Difícil de entender por más explicaciones que den queridas chicas.
Veamos esa complejidad en la cuestión INTERPARES femeninos y el peso específico del término en cuestión.
Allí tengo que reconocer dos subgrupos de mujeres diferenciados básicamente por cuestiones netamente generacionales, no por la edad específicamente sino por la incorporación atemporal al lenguaje cotidiano de palabras que reemplazaron a cabaretera, meretriz, etc.
Asi es que pongamos a las mayores de 45 a la izquierda en el grupo que llamo leonas carnívoras (por su invalorable capital de conocimientos, tan apreciado como la firmeza o la curvatura de las otras). Ellas no se preocupan por el sentido actual de los términos, saben que existe y los usan como sinónimos. Eso si, los conceptos en cuestión no tienen por qué estar relacionados directamente con la actividad profesional que comentara más arriba. Son netamente descalificadores. Puta es toda mujer que conoce más penes adultos de los que "debiera" (no he podido encontrar cual es el punto de inflexión de ese deber ser, no hay número o estado civil o actividad que permita ser tajante. A veces conocer 2 penes adultos merece el título de puta, otras circunstancias permitirían un número mayor indeterminado).
A las menores de 45, les toca el rincón de la derecha. A este grupo lo llamaré felinos juguetones (para evitar la connotación negativa que tiene el término "gatita" entre las mujeres). En este grupo alborotado y competitivo los matices tiene peso sobre cada uno de los términos. Veamos.
Perra le dicen a una mujer con dotes atractivas, actitud desafiante y erotismo evidente. Hay una carga contradictoria de admiración y envidia que vuelve imprecisa la valoración que uno puede hacer del adjetivo. Si vieran a esa "perra" participando de un beso francés en un auto importado con un hombre (probablemente atractivo pero mayor que ella) le cabría el término "trola". Trola es aquella que no parece preocuparse por guardar cierta forma ante la regla de la histeria genérica de mírenme mucho tóquenme nada, o que no tiene miramientos para con sus impulsos hormonales complejos. Prostituta queda reservado para las profesionales del sexo y para aquellas que, siendo amateurs, consiguen beneficios de cualquier tipo. El uso de este último término pareciera suponer una imposibilidad de retornar a la categoría de mujeres comunes. No se nace puta pero tampoco se deshace en esta vida. Una "prosti" está del otro lado, las porstitutas serían no mujeres según sus propios códigos.
MACHISMO 100% femenino, o algo así.
Raíces culturales y cuestiones religiosas de trasfondo, son apenas parte de lo que se ve del iceberg. El pecado condena al deseo y el deseo a la femineidad en su máxima expresión.
Asi es que el sexo por placer es inconfesable públicamente pero por suerte una práctica generalizada a un mundo que agoniza por falta de amor y sonrisas, y le sobran lágrimas y soledades.
La información abundante con mecanismos sociales de negación perversos vuelven la cuestión una paradoja irresoluble para niños y adolescentes. Así arrecian los embarazos adolescentes y preadolescentes, el aborto clandestino y el tráfico de bebes por hipocresía de costo elevadísimo o descarado desentendimiento o punibles explicaciones simplificadoras.
Si mi tía abuela, a quien la palabra orgasmo le suena a un antiespasmódico analgésico ( o al menos ha logrado convencernos de ello), leyera esto, se abochornaría. Me diría algo como:
- que pretendés que sea un viva la pepa?
Y sí, más o menos. Aunque nunca llamaría "Pepa" a una cotorra y nunca relacionaría a la vagina con un ave.
No hablo de convertir al sexo en pasatiempo y el amor en una cuestión literaria, por el contrario. Propongo insistir en la búsqueda del bienestar, que en el caso de nuestra especie, mamífera y de sangre caliente, se encuentra en el contacto social, con otro u otros. El placer cumple un papel natural en el relacionamiento y sobre todo en la supervivencia de la especie.
Creo en lo personal que las mujeres ya corren con demasiadas desventajas como para que al sentido de la culpa que reina sobre lo que llamamos responsabilidad individual le agreguen un cepo social a sus propias intimidades.
De todas maneras sé que escribo en vano sobre los objetivos que pretendo. Pero no así en consecuencias o respuestas.
Para eso preparo mi defensa:
- A los hombres que me tildarán de demagogo femenino en posición de caza de mujeres liberadas, les confieso mi preocupación por mis propias hijas mujeres en el futuro sobre los condicionamientos de género.
- A las pudorosas y límpidas mujeres que reclamarán mi cabeza como mensajero diabólico, les declaro mi deseo proyectado sobre mis tres hijos para que puedan disfrutar sana y concientemente del epicentro del poder de la naturaleza y la maravilla de la procreación PLACENTERAMENTE y sin culpas.
- Y para los machistas que preparan el cadalzo destinado a los traidores, les confieso mi irreflenable proyección sobre mi hijo varón como artista, para que haga abuso del instrumento que le fue entregado.
Y si aún así quisieran condenarme a quien sabe que pena, les recuerdo queridos lectores mi inimputabilidad agravada por mi condición innata de boludo y mi natural inclinación por perseverar en esa senda que me ha transformado en este pelotudo grandote.
Nos vemos...
martes, 4 de septiembre de 2007
Cosas que me preocupaban a los 11 años
lunes, 27 de agosto de 2007
Vida subterranea (Relato)
Cuando camina rápido, tan rápido como ahora, siente la pantorrilla de sus piernas arder, una molestia que anticipa la contractura y la molestia para el resto de la jodida jornada. Quizás las botas de taco alto o el esfuerzo por no resbalar o simplemente ese intento absurdo de esquivar la lluvia, que sin fuerza, insiste con la complicidad del frío que se cuela por debajo de la pollera larga.
Tanta ropa no alcanza. Ni para evitar el frío, ni para escapar de la humedad. Resulta exceso de equipaje. Pero avanza rápido, al mismo ritmo de tranco largo, sonriendo. Le sonríe cómplice a la vida que la sorprende cada tanto, en algunos días, pero nadie se percata de eso y seguramente no la entendería.
Está cerca de la escalera que se hunde en la vereda, casi a los pies del florista. Baja tan rápido como puede a expensas del esfuerzo del pasamanos. Estación Olleros de la linea D de subtes.
Se siente cansada pero luce radiante. Lo que sigue es molinete, piropo del guardia, espera breve, formación que llega, puertas que apuran y asiento bendito.
La gravedad anticipa y refuerza su voluntad de dejarse caer. De caminar corriendo a sentarse, sin transición. Lugares hay, mirones también. Desarma el envoltorio de abrigos, los dobla sin cuidado sobre la falda, revisa si el celular está encendido, ignora a los babosos, y trata de domar un despeinado prepotente. Luego se tira de cabeza en el bolso. Allí esconde entre otras cosas secretos en pequeñas porciones, recuerdo en servilletas, pastillas de menta, perfume, tampones, la novela interminable, llaves, lapiceras, una agenda que se empeña en desafiar los límites calendarios y el neceser que revienta de magia en maquillajes.
Se enfrenta al espejo recostado en su mano, para ponerle color a sus labios, mentirle al mundo sobre la forma de sus ojos o las ojeras de su alma. Alarga las pestañas y reparte polvo traslúcido. Se encapricha con el pelo húmedo y caprichoso, cepilla con desgano y desiste en el intento.
Sonríe mientras guarda todo. Había empezado a preocuparse por el Doctor Rodriguez y su manía de recordale a todos, durante los días hábiles, que su título de abogado le dió dinero y el dinero además de disgustos, empleados mediocres o inútiles dependiendo del humor de cada día.
Así era empezar todos los días la última etapa del viaje que la acercara a su puesto de trabajo y este a su sueldo de todos los meses.
Sin embargo prefirió revivir el ahogo de su alma en esos labios y el revuelto de cama. Recordar el por qué de las sábanas enredadas, las medias sin pares y las prendas íntimas de paradero desconocido. Le basto retroceder un día, una de esas fechas sin homenajes que se escurren entre los dedos pero que la dejo así de cansada o de satisfecha.
Recordó la espalda que recorrió de memoria como con las manos, el oportuno calor húmedo de su entrepierna, la aspereza de esa barba masculina de trasnoche agrediéndole el cuello sin querer o sobre la traidora entrepierna queriendo.
Respiró profundo otra vez y sin abrir los ojos estuvo de nuevo en la mañana del domingo sin desayuno. Él, incendiando el aire con su perfume a hombre y sus manos paseándose por donde no debían y ella quería, aun cuando todavía no pudiera empezar a despertarse. Bendijo aquel mordisco exacto a sus pezones dormidos y pudo casi volver a sentir esa ausencia de aire que la obliga siempre a suspirar viseralmente después.
Ahora mantiene los ojos cerrados con tanta fuerza como decisión, mientras se amontona gente y estaciones a su alrededor. Escapándole a la rutina aburrida del viaje, ha decidido revivir de memoria esa siesta ahogada en fluidos propios y ajenos, donde encontraron equilibrios absurdos en posiciones improbables. Siesta sin sueño, pero como si fuera precisamente uno.
Vuelve a sentir las mariposas en el estómago y esa sensación en el cuello que la obliga a tener escalofríos y calor en simultaneo. Hormigueo en sus pechos y electricidad en las piernas. Extraña esos ojos en sus ojos y el instante diminuto donde ella ruega en silencio que él siga, pidiéndole a los gritos que por favor se detenga.
El vagón ya es gente sobre gente. Casi sin aire, sólo hay lugar para los carteristas infaltables y su habilidad sublime de malograr días de otros apropiándose de cosas ajenas.
Sentada, ella intenta minimizar el espacio que ocupa , una muestra de simple buena voluntad que agradecería cuando es ella quien viaja sin asiento. Sabe que en tres estaciones más, deberá enfrentar la jungla de brazos y sobacos, maletines, mal humor, una garantida tocada de culo y algún codazo intencional. Todo para alcanzar la puerta, sin perder sus pertenencias ni su dignidad e iniciar una rutina que ni siquiera justifica el anémico recibo de sueldo.
Cuando la estación Callao desaparece de la ventanilla, a ella no le hace falta ninguna escusa para negarle otra ves la visión a sus ojos con los párpados cerrados y rescatar del olvido las habilidades de Marcelo en general o las de su lengua en particular. La asalta el recuerdo de la carne latiendo caliente, suculenta y sabrosa. Salvajemente tentadora.
Evoca la noción del frío de la mesada en su desnudo, el resbalar sobre la mesa del comedor, lo peligroso de cabalgar en la bañera, la fricción de la alfombra en su espalda o el concierto de gemidos en el dormitorio. Su memoria duele, arde, transpira, retoza, goza y cansa.
Abre los ojos. Busca telépatas entre los pasajeros y por suerte no los encuentra. Se acomoda la ropa, pero igual sigue incómoda. Se sonroja sola, no extraña a su pareja, la perturba la distancia con su hombre y eso la hace sentir culpable, apenas una hembra.
En la estación Catedral, el arribo la obliga al empujón inhumano y a pedir permiso sin ser amable. Alcanza el andén apenas, no sin luchar con las puertas para que liberen su impermeable. Recupera la compostura para volver a abrigarse, mientras la multitud la deja atrás a la carrera.
Sube las escaleras y otra vez la lluvia, el frío, el transito alborotado y los ruidos. El mundo real asesina a su libido. La empleada administrativa comienza a fagocitar a la mujer, cuando su teléfono personal proclama su utilidad trascendente a los timbrazos.
Parada en la esquina, antes de avanzar debe elegir entre cruzar la calle ahora o leer el mensaje de texto y esperar el próximo verde del semáforo.
Revuelve el bolso otra vez, atrapa el minúsculo aparato y lee: "Tngo ganas d hacert el amor, te xtño, t amo y t dseo".
Ella ensaya un carcajada corta que oculta con sus manos. Sonríe, vuelve a lucir radiante, sabe que eligió bien la combinación de encaje negro que coronará el regreso a casa.
Entonces el mundo toca retirada, sabe que el día recién comienza pero la batalla acaba de terminar en su contra.
martes, 21 de agosto de 2007
Amor a lo macho (relato)
Sin pausa, en esos instantes eternos, pensé en mi apariencia, corregí la postura. Apenas la corbata. La barba de unos días y el peinado no tenían arreglo. Decidí entrar sigiloso como pidiendo permiso en mi propia casa, que no era hogar. Le faltaba esa calidez particular de lo ordenado sin orden. De pretender que las cosas tengan su lugar sin que hubiera suficiente para todo.
Asomé la cabeza esperando encontrarte parada, en medio de la sala con los brazos cruzados, la cabeza levemente inclinada hacia la derecha y el repiqueteo del pié izquierdo pretendiendo marcar el ritmo del reproche que extrañaba. Sin embargo no estabas ahí.
Cerré la puerta con el sigilo de quien busca no despertar a nadie. Pero en realidad buscaba algún sonido familiar que revelara tu ubicación en este departamento de dos ambientes pequeños, que solía ser un desierto los viernes a la noche y un infierno los sábados a esa misma hora. Tu presencia suponía cortar la ausencia de antes, de tanto tiempo de sábanas frías y silencios helados.
Escuche la canilla de la cocina gotear como siempre, me arrepentí en el acto de no haber cumplido la promesa de hace años y cambiar de una buena vez por todas el dichoso cuerito.
Me sobresalté de repente. Me sentí indefenso, agobiado, derrotado por las circunstancias. Sin si quiera mirar alrededor, ni trasponer el pasillo hacia la cocina, me percaté de la mugre que me acompaña en solitario. Un desorden postergado para cuando pueda o tenga ganas, "total no viene nadie". Y ahora, si estabas en casa de nuevo... me descubrirías en mi pesada amargura y desgano de lavaplatos.
Pucha, pensé que hubiese sido bueno que si venías a verme te encontraras con el "amo del universo", el dios del que erróneamente habías renegado y te enceguecías ahora con el aura del triunfo sobre el tiempo y la soledad. Hubiese pretendido que encontraras incluso un toque de sofisticación. No sé, algo de jazz entre los cds de cumbia, aunque detesto el jazz. O por qué no ropa femenina del tamaño de las modelos, como para que supieras que eres bienvenida al reino de un sex symbol, como una licencia que me tomo por decisión propia.
Pero no... Si es que aún estabas, estarías seguramente desmayada o exhausta de tanto gritar frente a los especímenes gigantescos de cucarachas que me ganaban la batalla a su manera, perseverando, sabiendo que en el fondo las terminaría por aceptar como parte del mobiliario.
Sentía tu perfume a pesar del olor a humedad que seguramente estaba ahí desde que te fuiste o un poco más tarde. Olor que ahora reconozco por oposición a ese aroma tuyo. Tan especial y único que hasta me da bronca de reconocerlo como si fuese un perro en celo.
No es la fragancia, sino la profundidad de ella, ese toque único y permanente que en alquimia perfecta le otorga tu piel a cualquier perfume. Huele a jazmines, sobre la superficie frutal que habrás comprado para todos los días.
No estabas. Ya no estabas. En la cocina, en el baño o en el dormitorio, sólo estaba tu éter. No la hipotética substancia extremadamente ligera que se creía que ocupaba todos los espacios vacíos como un fluido, sino como disolvente orgánico o anestésico o antibiótico o lo que puta fuese.
Por lo pronto mi corazón sin anestesia se disolvía y con la cara entre mis manos sentado en la punta de la cama deshecha, sentía que mi alma se escurría en lágrimas estúpidas.
Tonto, engañándome a mi mismo, como si mis miserias evidentes fueran soportables o aceptables. Como si pudiera ofrecer abrigo a tu perfume en mis brazos y contenerlo en caricias de privilegio, y así olvidarme del bendito fútbol o las películas de acción como vos querías.
Me incorporé sin ganas, levantando las medias sin pares más cercanas, desparramas a desgano y con intención de no levantarlas jamás. Hediondas, olvidadas, descocidas y teñidas de cualquier cosa, fueron a parar al baño de un sólo manotazo. Bronca en bronca. Calentura por la inocencia absurda de creer que tu perfume te anunciaba, te pintaba de cuerpo presente y resultó despintarme una ilusión minúscula.
No sé. Pensé que si estabas podríamos tomar unos mates, que me contaras de tu días y yo si me acordaba, poder contarte del mío. Pero prefería escucharte. Bah, mirarte en realidad. Me gusta ver en tus ojos ese entusiasmo con el que vivís la vida. También me encanta descubrir esos "dientitos" alineados, blancos, que juegan a las escondidas entre tus muecas y los labios. Uuuuh, y si pudiera besarte, besarte como antes... Con la humedad ansiosa del amor en llamas y no con ese beso seco de compromiso diario.
Casi puedo imaginarte ahí, de ese lado de la mesita rebatible de la cocina. Mientras cebas mate dulce al compás de tus gestos de baile. Vos en la silla negra con el respaldo desnudo en goma espuma y yo en la banqueta marrón caoba, incómoda para sentarse pero certeramente elevada para regalarme un poco más allá en ese escote que recuerdo normal pero tan excitante al descuido.
Ni hablar que si pudiéramos, y quisieras claro, haríamos el amor descontroladamente. No bruscamente, pero sin control de horarios, sin cuidarnos del desgaste físico y sin guardarnos nada. Imagino cumpliendo tus deseos, esas fantasías que descubrí con el tiempo y que creías horrorosas y resultaron celestiales. Reclamarte en cada lugar y en cada escena un orgasmo tuyo, como una ofrenda a tu regreso y sepultura de aquella despedida agria.
Pero no estás y ni siquiera tengo ganas de tomar mate o mirar fútbol. Y vos sabés que por ambas cosas soy capaz de dar un riñón, sin exagerar.
Nada, ya no huelo tu piel y la distancia vuelve a abrazarme. Otra vez las cucarachas, las medias, la humedad y la mugre. El infierno de mi soledad por tu ausencia.
Lo sé. Resulté insoportable, o inofensivo, ingrávido o simplemente ausente de tu vida. Si no hablamos por que no hablamos y si hablamos porque terminábamos discutiendo.
Cuando te fuiste aquel día, la verdad creí que volverías. Por las tuyas, por eso ni pregunté a donde ibas. Suponía que tu hermana o tu vieja serían un paliativo corto para tu tristeza inentendible o ese enojo inexplicable.
Cuando te llamé a los 15 dias a lo de tu hermana y me dijo que no estabas con ella ni con tu vieja, no podía creer que te habías ido con otro. No me dolía, simplemente no lo creía. Fue así.
Más tarde alguien me dijo que te fuiste con el pelotudo que atendía la carnicería del supermercado chino. Un paraguayo, podés creer. Me dejó por un carnicero, a mí. Justo a mí, un tipo predestinado al éxito, con una carrera por delante como administrativo municipal, perito mercantil, con conocimientos de inglés y manejo de PC.
Me acuerdo que después de imaginarte encamada con ese negro de mierda, contraté unas trolas baratas. No quería gastar mucho por un rato. Pero no hubo caso, a veces no podía y si podía no quería. Y vos con ese por ahí, haciendo quien sabe que cosa.
Por suerte se me pasó rápido. Los celos no son mi fuerte durante el mundial de fútbol. Cuando nos volvimos en primera ronda te eché la culpa a vos. Si, a vos que no sabías planchar el cuello de las camisas, ni el jean con raya o preparar un postre casero sin comprar las cajitas.
La puta madre ahora me doy cuenta. Estuviste en casa seguro. Claro, te debes estar muriendo por volver. Estarás ansiosa de tenerme en tus brazos y sentirte verdaderamente mujer como sólo yo puedo hacerlo.
Si, seguro. Era eso, tuviste un momento de calentura y viniste a verme. Te cagué, no me encontraste, tilinga...
Abrí la ducha del baño y me desvestí. Estaba a punto de entrar a bañarme, cuando me tomó por asalto la idea. No lo podía creer. No podía ser. Pensé que era un perseguido. Intenté negarlo pero no pude saltar por sobre la sospecha. La inquietud me llevó desnudo hasta el living, prendí la luz y de un manotazo me puse los anteojos. Busqué en el mueble donde se amontonaban papeles y facturas pagas o por pagar.
No la encontré. Por Dios, no estaba. No estaba y punto. Se la llevó.
Fue entonces cuando vi que en el mueble de los cds había dos espacios vacíos. Faltaba algo ahí también. Ahora sí no lo podía creer. Era una pesadilla evidente.
Yo, que nunca cambié la cerradura esperando que volvieras con la cola entre las piernas a pedirme perdón. Yo, que incluso estaba dispuesto a olvidar tu traición y disimular mi enojo con razón, ahora sentía el puñal de tu traición en la espalda, perfumado pero mortal.
Perra maldita, ojalá te mueras mirá. Sabés que podés hacer con todo eso? Metértelo donde quepa y seguro que cabe sin problemas en cualquier lado sin enrollarlo. Yegua, trola, traidora.
Sos igual que todas al final. Mañana cambio la cerradura. O crees que vas vivir a costa mía. No, se acabó.
Volví al baño, no sin antes dar media vuelta de llave a la puerta de entrada. Bajo la ducha todavía no podía creer que fueras capaz de semejante cosa.
Llevarte la estampita de San Cayetano que tanto querías sin avisar, como los ladrones, era casi infantil, una provocación. Pero bueno, eso vaya y pasa pero llevarte esos cds, eso si que no te lo perdono.
Claro, donde vas a conseguir un clásico como ese disco de Juan "Corazón" Ramón o el de los Quilla Huasi que compraste un día de la primavera sin mi permiso y que tanto me gustaron al final. Lo hiciste a propósito, para joderme.
La ducha fría no me hizo bien, me puso triste.
Estuviste. Lo sé por el perfume, y volviste a irte. Que ingrata, pero que bonita que sos, tan joven y con esa piel tan suave...
Pero te llevaste lo que más quiero sin avisar, y te perdono de nuevo.
Quizás no cambie la cerradura. Pero voy a tener que limpiar un poco. Por ahí, antes de que empiece la Copa Libertadores te cansas del carnicero y volvés.
Sí, por ahí volvés de una vez por todas con alguien que te quiere bien y de verdad. Venís a casa otra vez como antes.
Volvés conmigo de nuevo, con este macho cabrío que no tiene vergüenza de llorarte así como te lloro, hija de puta.
Me merezco otra oportunidad. Yo te doy otra a vos también. Dale, volvé. Por favor, volvé.
lunes, 13 de agosto de 2007
El buen egoísmo
El sistema económico productivo capitalista (los maxistas dirían el modo de producción) en definitiva tiene el principio de la individualidad centrado más en el "deseo egoísta" de las personas que en el propio individuo. Algo así como "se es lo que se quiere tener". Los países subdesarrollados hemos confundido eso con "se es lo que se tiene" (así nos va, no?).
Bueno pero la cosa es otra para esta entrada: El egoísmo según nos enseñan (familias, religiones y partido políticos mediante) es malo en su esencia, casi inhumano. Y esto es así porque se supone que todo existe en un número limitado y menor al número de humanos que habitan el planeta, por lo tanto se supone que si yo lo quiero y lo tengo, el resto que lo quiere y los que no lo quieren... simplemente no lo tienen.
Lo cual no es tan así, sobre todo en esta etapa desarrollada de la humanidad y del capitalismo (la explicación de esta frase vale por un seminario político filosófico pago).
El egoísmo proviene del instinto de supervivencia, es intrínseco a los seres vivos. Como o muero. Si come él, no como yo. Incluso los "aburridos" vegetales aplican esa regla. La misma preocupación por el otro (como la filantropía o la limosna o la contribución) tienen fundamentos filosóficos en el egoísmo "no quiero que sufra porque no quisiera eso para mí", "soy bueno porque ayudo", "quiero el cielo después de esta vida", etc
La cuestión se complejizó con el desarrollo de un sistema social que sobreproduce pero distribuye mal, que estimula los deseos materiales y reprime los naturales, mata por obesidad o por desnutrición, etc ... Se debe sacrificar uno todos los días, para darse tal o cual placer cada tanto (alto costo, no?)
Pero con la intención de responder a la pregunta propuesta en un comentario anterior me limitaré a eso (en un café interminable podemos seguir las otras lineas que propuse).
"Cual es el límite entre mis derechos de disfrutar la vida, mi vida, la existencia misma y el derecho de los demás (que pretenden hacer lo mismo)", me preguntaban.
El límite ante todo es el acuerdo social (que nos autoimponemos, habrá que preguntarle al superyo propio).
Pero en última instancia el límite es el egoísmo de los otros. Allí si hay un gran problema, que no sería el egoísmo sino la hipocresía. Todos somos egoístas, menos o más egoístas pero lo somos.
Aunque la mayoría lo negamos permanentemente, entonces ocultamos nuestros deseos por ser... correctos.
Los celos de amor son eso, los caprichos también, los enojos suelen serlo... (Otra cosa es la envidia estimados que es sapo de otro pozo).
Negarlo es lo que se transforma en un gran problema. Y eso ocurre muchas veces. Cuando no sabemos lo que queremos (y en realidad sólo negamos nuestro deseo) suele ser lo más común (o no?).
Somos hipócritas con los demás, pero a la ves traidores en potencia de nosotros mismos. Negar que deseamos es frustrante por definición.
Si cada uno de nosotros expusiera su egoísmo y asumiera su posición, todo sería más fácil. Negociar sería más sencillo.
Los límites estarán allí, enfrente, donde se chocan tu egoísmo con el mío. Ese encuentro se resolverá con un acuerdo de partes, donde ambos resignaremos algo y ganaremos algo o no se resolverá nunca y quedaremos enfrente, sabiendo cuales son tus deseos y los míos. Transparente como el agua.
Pero... no somos así.
Según creo el derecho a disfrutar la vida de uno mismo no tiene límites de por sí, incluso los criminales más terribles siguen la norma hasta que se lo impiden por la fuerza. Si uno quiere diferenciarse de ellos quizás debamos tomar algunos recaudos como por ejemplo no exponer la vida de los otros a ningún tipo de riesgo, ni a su físico ni psiquis.
Por otro lado podemos proponer al resto que participen del ejercicio o simplemente (para no andar evangelizando por el mundo gratuitamente) avisarles de nuestra decisión...
Algunos escaparán despavoridos, otros propondrán caminos.
Disfrutar la vida tiene además una gran ventaja, se nota demasiado. Y esa calma en la mirada que suele producir estar en paz con uno mismo, suele abrir muchas más puertas que las patadas de los prepotentes. Tiene la desventaja de ir contra la corriente, de esa soledad a la que te condena tu sonrisa genuina.
Por el egoísmo de los demás no habrá que preocuparse demasiado, según las reglas de este juego cotidiano: "el que no llora no mama y el que no mama es un gil". Después de todo para disfrutar la vida parece que hay que tener coraje, y eso no se compra en la farmacia.
Voy a citar dos cosas a los efectos de condimentar esta ensalada. Primero algo que leí por ahí y que no recuerdo de quién era... "los muros más altos de nuestra libertad están en nuestra mente". Y por último al sexólogo Kusnetsoff que gráficamente explica esta cuestión del deseo propio y la relación con el de los demás: "si uno quiere ir arriba y el otro abajo no hay problema, si uno quiere ir arriba y el otro también... MEJOR, es sólo cuestión de ponerse de acuerdo".
Nos vemos...
viernes, 10 de agosto de 2007
Cuando, cuanto, por qué
No te preocupes demasiado el 95% de la humanidad nos acompaña, el otro 5% es millonario, está encerrado o drogado (y no me refiero sólo a estupefacientes ilegales, hay que contar hasta la aspirina misma). La combinación de ellas es una posibilidad, pero prefiero creer que no necesariamente están unidas entre si...
Hace un tiempo largo y apoyado sobre la fortaleza increíble de quien me acompaña en el camino de mi vida no permito, mejor dicho no me permito, desobedecer el mandato de honrar la vida (y aunque todavía no me sale del todo, insisto).
No es sencillo, porque no deja de ser complejo, y un camino a contramano de las cosas.
Casi todo el mundo (permítanme la inferencia y falaz generalización), anda(mos) "con los pies sobre la tierra", irresponsablemente haciendo lo que se debe hacer, sin más.
El trasfondo: temores y más temores. A no pertenecer, a no tener, a no saber que hacer, a no querer averiguar sobre que pasaría, a ver que hay afuera, a simplemente no asumir más cosas de las que evadimos a medias y aceptamos en cuotas, etc.
Somos los mismos que después andamos detrás de recetas mágicas del éxito, la felicidad. En definitiva del cambio positivo. SIN HACER NADA PARA CAMBIAR, o sin querer cambiar demasiado.
Lo paradójico es que vivimos cobardemente con la valiente idea de que no moriremos mañana.
Claro, si eso sucede se soluciona la cuestión... cambiaron radicalmente las cosas, pero el costo es excesivo.
Todo implica un esfuerzo. Cambiar, mucho más.
Pero... no hay esfuerzo más duro que cargar con lo que uno no quiere. Lo más jodido es cuando con el tiempo se te acalambran las ideas en frustraciones por tener ese peso encima cuando se sabe que uno debe soltarlo a tiempo.
Seguir viviendo es poder volver a empezar todos los dias, hacer lo que potencialmente se pueda (y eso implica hacer todo lo posible, TODO) para encarrilar las cosas a nuestro modo de ver. No se trata de hacer una revolución jacobina por día, sino preparar el complot que engañe y destrone a los temores.
Nos enseñaron desde chicos a no equivocarnos a no fallar a no "fracasar", pero por experiencia propia no hay peor sensación que equivocarse por otro (o por no hacer) y existe cierto placer en asumir la responsabilidad de consecuencias por algo que hicimos queriendo o deseando.
Habrá que empezar por cuestionar las excusas (no intenten moverlas todas a la vez, son demasiadas y la idea no es herniarse o terminar aplastado por ellas).
Aplicarle los interrogantes del título suele dejarlas al desnudo, indefensas o bien mostrarnos derrotados a nosotros mismos por la fortaleza de nuestras propias mentira. Y eso puede no resultar tan malo, generalmente el dolor provoca reacciones y las reacciones efectos que pueden terminar pareciéndose al aleteo de una mariposa en China.
Y si aceptan la invitación a compartir insanamente un ejercicio privado les propongo que, cuando estén en camino a sus tareas cotidianas, en la calle o donde puedan (el baño no deja de ser un buen lugar), pregúntense:
Cuando vivo MI vida?
Cuanto tiempo de mi existencia estoy vivo?
Cuanto me cuesta llevarla adelante y cuanto perdería de intentar cambiarla (todos sabemos cuanto y que ganaríamos)? y finalmente: por qué hacer lo que hacemos o dejar de hacer lo que queremos?.
Sería más fácil si supiéramos que este es nuestro último día de vida?
Si todas las respuestas te satisfacen en cuerpo y alma. FELICITACIONES. Haz logrado tu primer millón, estás drogado, o como yo aún eres prófugo del encierro al que estamos condenados los locos.
Ahora los dejo con una historia ejemplificadora de todo esto, yo estoy en medio de una revolución diaria...
Un grupo de científicos colocó cinco monos en una jaula, en cuyo
Entonces, los científicos sustituyeron uno de los monos. La primera cosa que hizo fue subir la escalera, siendo rápidamente bajado por los otros, quienes le pegaron. Después de algunas palizas, el nuevo integrante del grupo ya no subió más la escalera. Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió lo mismo.
El primer sustituto participó con entusiasmo de la paliza al novato. Un tercero fue cambiado, y se repitió el hecho. El cuarto y, finalmente, el último de los veteranos fue sustituido. Los científicos quedaron, entonces, con un grupo de cinco monos que, aun cuando nunca recibieron un baño de agua fría, continuaban golpeando a aquel que intentase llegar a las bananas.
Los monos después algún tiempo seguramente dirían sobre lo que hacen: "No se, las cosas siempre se han hecho así aquí..."!
Nos vemos...
miércoles, 8 de agosto de 2007
La historia del mundo (relato)
Mientras tanto los malos medio malos, intentaron colarse, entrar por la ventana a la alianza. Hacer trampa sin dañar a muchos, sólo a unos pocos de acuerdo al criterio menos malo.
No dio resultado, así es que fueron en busca de los malos malos para construir su propia alianza, que no prosperó por la maldad que los desunía.
Los terriblemente malos se habían juntado lejos de unos y otros, se sabían lo suficientemente inteligentes y malditos como para seguir solos.
Los imbéciles por su lado no sabían si tomar partido o no. No decidieron nada, sólo discutieron imbecilidades sin poder producir otra cosa que dolores de cabeza entre ellos mismos.
Cuando la alianza de "La gente buena unida" terminó por sellar en un documento sus principios básicos y la instrumentación e institucionalización de juicios y tribunales de ética y buen comportamiento, se autoconvocaron a integrar la Buena Milicia.
Allí surgió un gran inconveniente, un abismo insalvable para la alianza. Los buenos buenos no aceptaban la idea de integrar una fuerza militar, porque eso implicaba prepararse para la guerra, cosa mala si las hay. Los buenos no tan buenos, por las suyas ya tenían algún arreglo difícil de esclarecer con proveedores de armas, quienes no eran otras personas que malos malos buscando su beneficio personal. Cuando el acuerdo de venta de armas se cayó por la disolución lenta y agónica de la Buena Milicia, los malos malos asesinaron a los buenos malos y a los malos menos malos por no convencer al resto. Sólo se salvaron algunos "Vivillos" haciéndose pasar por buenos buenos.
Enterados de las dificultades organizativas de la Alianza, los malos medio malos decidieron atacar. Sin defensa armada, los buenos aliados intentaron con palabras, datos empíricos, dogmas varios y abundante retórica, convencer a los medios malos de lo mal que hacían. Fue inútil. Los buenos buenos incluso pusieron la otra mejilla como último acto voluntario antes de su muerte, con la pretensión de ser recordado como absolutamente buenos.
Los pocos "Vivillos" que habían sobrevivido a la venganza de los malos malos, terminaron matando buenos buenos para con ese acto testimonial convertirse en medio malos. Algún que otro malo menos malo, intentó usar el arma que llevaba escondida entre su ropa, pero todos terminaron superados por el inmenso número de malos medio malos.
Los terriblemente malos, observadores silenciosos y distantes, esperaban su momento como los buitres. Sabiendo que tarde o temprano la debilidad de todo ser humano se dejaría ver detrás de la necesidad o la malicia.
Entonces, sorpresivamente los malos malos también atacaron. Los malos medio malos apenas podían sostenerse en pie y evitar pelearse entre sí cuando los malos malos atacaron sin ninguna piedad, de hecho no sabía que era eso. La masacre supero en dimensión y atrocidad al genocidio de los buenos buenos y malos menos malos. Pero cuando sólo quedaban con vida unos pocos medios malos, entre los que aún persistían vivos diez o doce "Vivillos", el General y líder militar de los medio malos liberó su último desarrollo armamentístico.
Un potente gas de color ocre comenzó a esparcir por el aire un arma biológica "inteligente" capaz de afectar en forma selectiva a aquellas personas con el gen de la maldad presente en su ADN. Un arma verdaderamente mala. Murieron los últimos medios malos y todos los malos malos casi en el acto. Los buenos no tan buenos, esos "Vivillos" de supervivencia probada se sintieron vencedores sin querer, buenos para ganar sin pelear o para fingir lo que no eran, ahora probaban ser no tan buenos a la hora de los falsos saludos entre si. Intentando que el convencimiento propio e individual de que el logro le pertenecía a él y solo a él, permaneciera oculto y escapara apenas en el "ninguneo" social.
Los terriblemente malos que sabían del arma no tan secreta de los malos medio malos, decidieron matar desde lejos a esos "Vivillos" que se creían superiores al resto, acercarse hubiese implicado correr el riesgo de ser afectados por lo letal del arma biológica de probada eficacia.
Labor sencilla voltear con plomo a buenos no tan buenos desprevenidos y a la distancia. Eso fué hasta que el último bueno no tan bueno herido de muerte, arrastrándose entre los cadáveres de buenos buenos, malos malos y malos medio malos, en su último aliento de vida se convirtió en el trofeo principal al que todos aspiraban meterle un balazo entre los ojos.
La cosa pasó a mayores tan rápidamente que no hubo tiempo de distinguir quien ni como, uno mataba a otro con terrible saña y a traición. No quedó ni un sólo sobreviviente, incluso quien había logrado sobrevivir a la batalla inter pares se suicidó intentando superar la maldad del resto, torturándose a si mismo. Lo hizo lenta y dolorosamente.
Antes de cerrar para siempre sus ojos, ahogado en su sangre, alcanzó a ver maldiciendo como quien fuera el centro de la disputa, el mal herido bueno no tan bueno, allá a los lejos moría desangrado sin el deseado tiro en la cabeza.
El silencio fúnebre cubrió las últimas exhalaciones con un manto pesado y lúgubre. La batalla final de todos los tiempos la ganó la derrota total o la muerte, no hubo nadie que pudiera cerciorar quién de ellas había arribado primero a la meta.
El mundo ya no era el mismo. No olía igual, no se veía igual. No tenía a sus viejos amos ni pretendidos dueños o insistentes predicadores del deber ser, sino amontonados, inmóviles aquí o allá, con rostros, gestos y posturas tan rígidas y heladas que causaban escalofríos.
A nosotros los imbéciles, la verdad nos importó poco. Apenas si alguno como yo se acuerda más o menos de aquel día o los siglos en que sucedió lo que sucedió.
Desde entonces hemos tenido que arreglárnoslas solos.
Así es como muy de a poco, imbecilmente claro y sin saber para qué o por qué, terminamos por darle forma a este mundo en el vivimos hoy.
Nos vemos...
miércoles, 1 de agosto de 2007
Efecto mariposa
Vivir es algo así como arrojar piedras a un lago infinito en el que las ondas (esas pequeñas olas) afectan hasta la última molécula de ese océano calmo, afectando sobre todo el futuro, a las personas conocidas que te rodean a desconocidos y a futuras gentes por conocer. Inquietante... ¿No?
Claro, pertenecemos a generaciones "modernas" (en el sentido de la modernidad filosófica y las condiciones materiales históricas) y todo debería poder preverse, planificarse o "estar preparado". La cosa parece más compleja. Para no dar demasiadas vueltas con ejemplos, simplemente les propongo el ejercicio de pensar dónde y cómo están hoy (no importa si bien o mal). Ahora busquen en el pasado un punto lo suficientemente alejado que recuerden con claridad y donde se permitían jugar a delinear su futuro.
Si mi hipótesis es correcta, encontraran más "casualidades" que eventos o sucesos claramente relacionados que nos pusieron donde hoy estamos.
Con seguridad, los que ven demasiado mal su presente, pensarán en sí mismos como culpables en persona de sus fracasos, frustraciones y errores. No es totalmente cierto, pero ya volveré a este punto.
Quien vea que su situación actual sobresaliente es óptima y crea que ha sido el artífice único de su éxito... consulte a un médico... psiquiatra. El psicólogo lleva un poco más de tiempo...
Para continuar con la idea, tomo esas "casualidades", por las que aposté encontrarían. Estos efectos, son la mayor parte del tiempo atribuidos a un ser superior o en su oposición son un castigo merecido (o algo así sin pretender discutir sobre teología). Según la teoría del Caos, los efectos no tienen causas determinables en un proceso medianamente largo. Esto, por la cantidad de factores o variables "indeseadas o inesperadas" que se cruzan en el camino (quien recuerde la película Jurassic Park 1, allí hay una explicación... aceptable (aquí la tienen en italiano pero es para que recuerden la toma, a Gaby seguro que le servirá).
En definitiva nada es lineal y todo de alguna forma se correlaciona. Lo cual no significa que uno debe sentarse a esperar, sino todo lo contrario. Hay que actuar, con el convencimiento de que lo que hagamos afectará nuestro futuro. Incluso de la forma que menos esperamos.
Esta teoría, matemática (quizás por eso lo complejo del tema o lo aburrido de mi publicación a pesar de lo que dice Paenza -descargar libro gratis-) camina por un delicado equilibrio donde cualquier improvisado (como yo) corre el riesgo de confundir la cosa más con fundamentos religiosos que con cuestiones reales y objetivas.
En mi caso particular les confesaré algo que todavía me asombra (o me apesadumbra, según mi estado de ánimo). Tengo en mi mente , algo así como un recuerdo impreciso y no necesariamente completo o condensado en un sólo momento, el haber soñado mi vida hasta un punto determinado. Hablo de soñar porque la escasa rigurosidad o metodología utilizada (así como mi completa desinformación de muchas cosas dada mi edad) me impide decir que fuese planificación racional.
La cosa es que un día, por suerte (que no es más que la suma de muchas acciones propias, que llamo causas , acciones ajenas y los incontables y desconocidos efectos), me encontré incómodo parado sobre un punto donde aquel "sueño" de niño terminaba por cumplirse. Y eso créanme se siente como estar al borde de un precipicio. Desde allí me obligo a soñar todos los días de nuevo, por más loco que parezca.
Si, si ya sé que esta historia parece contradecir la teoría del caos, pero es más por el relato simplificador que otra cosa. Muchas cosas tuvieron que pasar en otras vidas para que sucediera lo que finalmente ocurrió.
Miren sino. Cuando soñaba con formar una familia, pensaba en eso. Sin demasiado detalle. Salvo condiciones de improbable comprobación como la mujer amada como complemento, los hijos, un perro amigo y demás.
Cuando me casé con la mujer que amo, tuve los hijos que tengo y a mi amigo perro, sumé causas y efectos del pasado y del presente.
Imaginen que para solamente encontrar al amor de mi vida, tuve que soñar alguna vez lo que soñé, por ende viajar cuando fue necesario, estudiar lo que había decidido (y soñado), coincidir en horarios y materias, estar tan loco como para avanzar a la mujer más hermosa de la facultad y ella estar más loca por haberme dado bolilla a mi.
Antes de eso, hizo falta que esta mujer que bendice mis días con su amor, pasión, amistad, compañerismo, retos y enojos, y que me regalara la felicidad que compartimos como familia numerosa, naciera aquel 31 de Julio en que nació, en el lugar que lo hizo, lo que comió, lo que vivió, lo que sintió, lo que leyó, lo que no, lo que hizo o dejó de hacer, etceteras miles...
Es decir que aquellas benditas alas que batió una mariposa hace justo hoy unos "pocos" años, provocaron este huracán en mi corazón por el cual estaré eternamente agradecido.
A todos ustedes... NOS VEMOS...
A vos mi Amor, Felíz cumpleaños!!! Gracias por enfrentar conmigo el desafío de vivir la vida juntos. Te amo.
jueves, 26 de julio de 2007
Cosa de todos los dias - cuento -
Nos vemos...
lunes, 23 de julio de 2007
Gripe, que lo parió!
No es que haya logrado consumar ese objetivo, por lo pronto desafío con impertinencia esa ley autoimpuesta, con el espíritu de goce que me empuja a escribir.
¿Tiene que haber un día para todo? No lo digo por el día del amigo especialmente, sino en general.
Ahora pensándolo en particular, hasta que no tenga una empresa de telefonía móvil o una humilde regalería, queridos amigos, el festejo de días de este tipo será tenue de mi parte. Deberán conformarse con mi abrazo atrasado o un saludo apurado. De rebelde no más.
Un cobarde y costoso acto de rebeldía (no se imaginan los reproches que uno afronta después; y muchos con verdaderos fundamentos).
Justo cuando tenía el mensaje adecuado pasaron dos cosas más que relevantes y graves. Murió Fontanarrosa y tengo una gripe que amenaza con drenar masa encefálica a través de mis "pequeñas" fosas nasales.
El Negro (Fontanarrosa), a quién conocí brevemente en la Feria del Libro (alguna vez), era otro escritor de culto más para mi (cercano a la realidad y las intenciones que busco en mi letras de menos kilates) , que descubrí tardíamente detrás del monstruoso Mendieta casi por accidente. Ya saben el resto, si es que han leído, escuchado o visto sobre su millonario pase al equipo de la eternidad, donde juega de titular seguro. Ese Dream Team dirigido por el "Barba" (una especie de técnico magistral, pero muy jodido con las convocatorias) y del que seguramente es hincha mi querida abuela Elda, sentada en la platea que se ganó aguantándome de pequeño.
No sabría como explicarles por qué, el egoísmo humano que nos aqueja ante la ausencia de alguien querido, tironeando de mi alma me arrebató un par de lágrimas. Si, tal cual.
El Negro un tipo que en su mejor época no tenía el Physique du Roll que yo invente para mis amigotes de aventuras, resultó ser bastante más importante para mi de lo que creía.
No sé si por sus escritos que en definitiva, ahora son más nuestros que nunca (y por ello más de él). Supongo que por esa tenacidad silenciosa de ser simple. De simplificar como los grandes la jugada más sublime. Casi como un maestro de la felicidad, buscándola y encontrándola con poco, aún ante la huesuda mano fría acariciándole la barba.
Por ahí me puso triste recordar que quienes intentamos vivir la vida, faltándole el respeto a la muerte, con la inocente intención de justificar ese hecho definitivo y garantizado sólo pretendemos tener a mano la certeza de haber sido dueños de cada día, sin saber si eso alcanza llegado el momento.
Mientras el mundo parece faltarle el respeto a la vida, andamos por ahí unos pocos locos sueltos que preguntan cosas sencillas buscando respuestas seguramente complejas. (Si aún siguen con su terca idea de leer este blog, bienvenidos al club y por favor busquen un siquiatra o acéptenlo... es parte de la cura reconocer la enfermedad).
Pero cono diría Mendieta, "la muerte es demasiado sería como para tomarla a la tremenda".
Por eso, minimizando el hecho e intentando emular la travesura literaria permanente del lenguaje común y la ironía equilibrada de un relator de historias comunes de gente común (Obras de Fontanarrosa). Hice de la gripe un monstruo.
Influenza que combato de a poco, con todo el arsenal disponible, atado a la vela mayor y haciendo oídos sordos del canto de sirenas que pretenden meterme en cama.
La gripe agrandada ahora ha logrado que olvide la regla que cité al comienzo, con los ojos achinados, que además de miopes... hinchados, han logrado confiar en las vacaciones de la necesaria lectura de correciones fallidas.
Me expondré al juicio del tiempo... total... la historia me juzgará.
Teniendo de mi parte al mejor de los abogados: el olvido (El original es de Mendieta, ver más frases).
Vermout, con aspirinas y good show...
Nos vemos
lunes, 16 de julio de 2007
El barrilete, segunda parte
El honor se alcanzaba con el hexágono o un octógono. Era toda una impostura volar un "chiche" de esos. Un lujo, una provocación a la historia del barrio por ser escrita.
Lo más difícil, no era remontarlo, sino "crearlo". Ponerle los flecos alrededor, y del color justo, de papel o de tela de acuerdo a la maniobrabilidad deseada.
La ayuda de algún mayor era improbable e inesperada. No era que no estuviese permitida, es que eso era una especie de logro, de premio, un orgullo adicional si aparecía. Los "grandes" no suelen compartir esos momentos especiales de "niño", nunca hay tiempo o bien hay otras cosas que hacer. De tener ayuda adulta, la cosa no sólo era más fácil sino más linda.
Eso sí, debía existir un equilibrio entre el aporte propio y el colaborador adulto. Máximo 50-50. O eso nos permitíamos mentir.
Y yo tuve uno de esos. Esa especie de Cádillac de los barriletes (las limousines, que eran los "cajones" voladores no me interesaban demasiado. Además esos requerían un 80 o 90% de colaboración adulta).
Mi barrilete "perfecto", empezó un domingo a la mañana, con la intención de volar el domingo a la tarde. Tenía suerte, el tiempo acompañaba y yo tenía esa picazón que me acompaña cuando sé que algo bueno está por pasar.
Descontaba que no habría ayuda de nadie adulto, salvo la colaboración de la abuela con retasos de tela. Pero ese fin de semana estaba en casa, por razones que desconocía y desconozco, mi tío. No cualquier tío, sino el tío que estudiaba en buenos Aires y en la universidad! Con quien nos veníamos poco, pero cada vez que estaba cerca me sentía bien. Siempre tenía algo para enseñarme jugando, casi un cómplice a pesar de la diferencia de edad.
Este tío, quizás por sus estudios y prácticas tenía una habilidad con las manos cercanas a la magia.
Quizás él no recuerde, que armamos en la cocina un barrilete volador excepcional. Ahí estuvimos como dos chicos, pegando, doblando, cortando, atando y disfrutando del aroma de la comida que se anunciaba lista, cuando con la mano derecha tomo el barrilete por los tirantes de hilo y sopesó con destreza cómo embolsaba el aire y el peso de semejante hermosura.
Para después de comer quedó terminar la cola, revisar el secado y atarlo al hilo madre de la madeja, ya manoseada y enrollada alrededor de un pedazo de rama elegido por mí a tal fin.
Tal era mi entusiasmo con la "creación" lograda, que en bici me apuré a invertir mis pequeños ahorros en una madeja adicional de 100mts, apenas terminé de comer. Quería, si era posible, explorar el espacio exterior. El kiosco de Contini que cerraba una hora después de pasado el mediodía (los diarios llegaban a las doce y los repartían en una hora) no quedaba tan lejos, y llegué cuando estaba cerrando (el mismo donde compraba bolitas de vidrio "comunes o las ojito). El esfuerzo valió la pena, aquel viejo conocido volvió a abrir el kiosko para mí. No le dije nada, lo contagió mi entusiasmo o quizás el brillo en los ojos que hoy le envidio a los chicos cuando juegan o su amistad con mi abuelo.
Cuando volví a casa, un amigo del tío se lo llevó a dar una vuelta (otra cosa no puede hacerse en mi pueblo a esa hora). Hablarían de viejas anécdotas adolescentes o planearían quien sabe que salida. Mi bronca traicionó mis ganas, entregándome a una siesta no deseada.
Cuando me levanté, la abuela cebaba mate al abuelo, al tío y una vecina. Después de tomar la chocolatada caliente, haciéndome el distraído me hice más visible y ruidosamente anunciado al desarmar el ovillo de hilo nuevo para agregarlo a la madeja. Era el reclamo en actos de un despegue deseado.
Mi tío entendió el mensaje y ultimó detalles.
El barrilete "cadillac" era todo un conquistador de los cielos, un domador del viento, una ilusión hecha realidad. Salimos de la casa sin mucho abrigo, sabíamos que el ejercicio de correr hasta alcanzar la altura suficiente, donde el viento hacía el resto, sería por lo menos de tres o cuatro intentos (eso lo hacía de por sí un éxito) que nos harían entrar en calor.
No recuerdo por qué no fuimos hasta la misma vía tranquila del tren. Quizás mi tío prefirió cierta cercanía, cruzamos la calle y la vereda de pasto amarillo (por la helada) y superamos el alambrado. Nos quedamos en ese espacio donde solían pastar las vacas del jefe de la estación, entre las vías y los 7 hilos de alambre.
Allí corrimos para un lado y para el otro, cuidando que en cada remonte fallido la caída fuera lo más inocente posible.
Por fin, avanzando rápidamente y en paralelo a las vías como quien va hacia la estación, el cuerpo de papel sitió el golpe del viento frío. Podría jurar que crujió el esqueleto de caña fuerte y a la vez delicado. Atado con precisión por el centro donde se cruzaban los pedazos de caña conformando una hélice de seis palas que se escondían detrás de titulares incompletos del diario La Nación del domingo pasado.
Yo corrí acompañando al tío, a su lado, a la misma velocidad pero con unas ganas más terribles, más inocentes. Sé, imagino en realidad, que cuando mi tío comenzó a soltar hilo, la fricción debe haberle quemado el dedo que funciona como freno parcial a la gula del barrilete que se descubre pájaro. Lo vi en su rostro o quizás lo imagine.
Yo ansiaba sostenerlo, pero preferí que la experiencia estabilizara la situación.
No me ofreció la madeja tal y como él la sostenía. La tiró al piso y me dio el hilo. Tirante, nuevo y agresivo. Me dijo que lo sostuviera firme y que si aflojaba, tirara. Y si tiraba, aflojara. No voy a olvidar la sensación.
Cuando me trajo la campera, le pregunté si debía soltar más hilo o no. Fue entonces cuando me lo regaló. Me dijo que lo manejara a mi antojo que era de mi propiedad y podía hacer lo que quisiera. Era mío!. Ese barrilete que casi había consumido los primeros cien metros de hilo, era mío. Imagínense.
El orgullo pintó ese barrilete de los colores más bonitos posibles. No habría otro igual. Y casi todo era perfecto, si no fuera por el frío y los labios partidos.
Ese barrilete estuvo en el aire tanto tiempo que incluso los abuelos y los vecinos estuvieron un rato mirando al cielo, buscando la mano inexistente que mantenía esa marioneta en el aire. Mis amigos desde lejos no daban crédito a sus ojos.
En mi recuerdo, el cielo era celeste como ningún otro, tan profundo y claro como mis ganas de hacer pis que empezaban a estropear el momento. La medida de mi entusiasmo desafió al pudor. Apenas me puse de costado para dejar escapar la presión en la vejiga. Recuerdo el vapor indiscreto que el frío insistía en hacer notar.
Entonces supe que ese vuelo no sería eterno.
El viento empezó a complicar las cosas y el barrilete cabeceaba demasiado, miré al tío que cada tanto salía para ver como estaba. Desde lejos me decía "traélo un poco, soltá, soltá..."
Y eso hacía. Después de todo se había ganado las insignias de capitán.
Anochecía rápido, como es capaz de hacerlo el invierno en domingo sobre todo.
Empecé a recoger lentamente, con cierta melancolía aguda.
Como en una premonición el tío me dijo gritando, sentado lejos, en el jardín de la casa, que me cuidara de los cables de tensión.
Cerca, a casi unos treinta metros del suelo, ese barrilete no quería resignar su libertad o la perspectiva de altura, de acá para allá y de allá para más allá.
Y tocó los cables de media tensión. Supuse erróneamente que me transmitiría electricidad o simplemente me asuste sin sentido.
Lo solté y cayó, para volver a elevarse y caer de nuevo rodeando el cable.
Cuando tomé de nuevo el hilo, el viento jugaba con el barrilete y este desesperado sólo contribuía a las arteras intenciones del cable de cobre.
No sentía dolor ni pena cuando mi tío que se acercaba. Entonces lo convertí en super héroe, pensé que podría con algún tipo de truco docto liberar mi barrilete para continuar nuestro idilio otro día en el aire. No pudo. No se pudo.
Cortó el hilo y se ganó mi enojo. Enrolló en la madeja el hilo que venía muerto, resignado, y que yo miraba sin mirar, buscando en el suelo la forma de no llorar.
Cuando puso su mano en mi cabeza y me dijo, "no importa, otro día haremos uno mejor", empecé a soñar con otro, mejor, más duro, hermoso y eterno. Lo miré al tío y agradecí que fuera humano y tío mío en definitiva.
Con el tiempo y sus inclemencias, el barrilete colgado del cable perdió su estética y por un lapso más largo mostró su resistente esqueleto desnudo. Al comienzo, esa inaccesibilidad cercana me derrotaba, me doblaba la esperanza y me ocultaba el sueño.
La lección fue larga y cruel. Sólo lo entendí cuando los pedazos de cañas resecas cayeron al suelo. Lo material sólo es accesorio, banal, irrelevante por si sólo, no así la potencialidad humana, la propia. Mucho menos nuestros deseos o sueños.
Lo material puede ser un ancla o un trampolín, incluso en las pérdidas o en las victorias. Lo más importante reside en otra parte, adentro e invisible.
Con ese barrilete excepcional de mi tío que me regaló una única maravillosa tarde, pude aprender a dejar ir lo que ya no importa si está perdido. Fue liberarme de la pérdida envalentonado por la confianza en que podía y quería hacer algo mejor.
Antes que la adolescencia reemplazara la pelota, las bolitas y los barriletes por mariposas en el estómago y sensaciones eléctricas en el cuerpo. Volví a construir barriletes, sin mi tío pero copiando su habilidad.
Incluso remonté una estrella, un barrilete de cinco puntas, que convirtió en leyenda los recuerdos del barrio, porque fue capaz de consumir toda la madeja, cortar el hilo y desaparecer de nuestra vista lentamente, detrás del molino harinero por sobre los eucaliptus del otro lado de las vías.
También esa vez, volví a soñar. Y eso hago cada vez que todo parece enredarse o escapárseme de las manos.
Desde lejos, a ese tío "barriletero" seguramente sorprendido por estas memorias, quiero desearle un atrasado (fue el domingo) FELIZ CUMPLEAÑOS. Querido tío, gracias por ese barrilete y el otro, con el que pude soñar para seguir.
Nos vemos!!!
viernes, 13 de julio de 2007
Barrilete, primera parte
Hablo mucho del pasado, no con nostalgia sino con placer, a la manera en que Abelardo Castillo sostiene que la vida de un escritor (ya quisiera yo...) es la infancia y la adolescencia.
Porque existe la forma en que el pasado no es una carga sino combustible. Los comentarios de varios de ustedes (que agradezco mucho y que pondero) lo demuestran. Escribo sobre las cosas simples (insisto) que nos hacen felices aún en su ausencia y que por ello cotizan cada vez más alto.
El barrilete (ver más información) es una de esas cosas que espero poder disfrutar de nuevo con la excusa de mis hijos y por qué no de mis futurísimos nietos.
Para tratar este tema hace falta en principio ubicarse en espacios temporales y meteorológicos.
Ambientes muy abiertos, Julio o Agosto, viento y frío, poca movilidad por el abrigo, labios paspados, manos torpes de dedos anestesiados y ganas de desafiar la gravedad.
Yo tuve entre otras suertes, la de pertenecer a la generación que vio aparecer el barrilete "industrial", un juguete masivo, de bajo costo, que compraba en aquel kiosco de la esquina, construido con dos cañitos de plástico liviano, un cuerpo (lo que podríamos llamar vela) de un material muy delgado y liviano (nylon o polipropileno, espero alguno de ustedes pueda confirmarme el dato), con una cola de tiras coloridas del mismo material. Sólo bastaba comprarlo y complementar con hilo "choricero" adquirido en el almacén de la esquina (que más tarde sería Supermercado) a una cuadra de casa.
Sin embargo, el entusiasmo de ese barrilete lo transmitía más el impulso consumista y la imagen atractiva que venía estampada sobre él. Los colores del club de futbol, el símbolo de Superman o Batman, para las nenas en esa época Frutillitas o Snoopy. Así y todo la cosa no pasaba de dos o tres remontadas...
Por eso lo mejor para todos era "fabricar" nuestro propio barrilete. Los "parantes" cruzados eran de caña seca seleccionada de una milimétrica medida desconocida a ciencia cierta pero exacta a ojo y estimación práctica.
Papel de diario. El mejor para eso era la el de La Prensa, absorbía menos humedad, por lo tanto además de más liviano era más durable. La Nación era un sustituto aceptable y más fácil de conseguir. Clarín era última opción, muy absorbente y un poco "corto".
Sin ellos, la "trampa" era recurrir al papel afiche, que además de cumplir con aceptable sustentación aérea tenía cierto colorido pomposo. Muchos "competidores" en los torneos barriales decían beneficiarse con el uso del papel manteca (algo así como modificar el carburador o los pistones en un auto de carrera), aunque siempre me resultó poco creíble además de caro y algo pesado, aún en la presentación más delgada. Pero mi abstinencia de trofeos en la materia me descalifica para opinar sobre el elemento.
Si la intención era la búsqueda de la redención artística, que implicaba obedecer un código de honor no escrito, la cola vinílica (plasticola en esa época) era una traición a la pureza del código barriletero del barrio y al orgullo artístico personal. El engrudo era la esencia del planeo simétrico y el ingrediente que le otorgaba al constructor el título de "Seguidor de Leonardo Da Vinci".
Era tan así, porque no se trataba sólo de mezclar agua con harina. Las proporciones y los materiales utilizados eran fundamentales a la hora de maximizar la función que cumpliría en forma pero también en tiempo, sin afectar el peso y rendimiento de la "nave".
Las posibilidades eran demasiadas, pero recuerdo haber probado con leche, aceite, vinagre y soda, o mezclas entre sí en reemplazo del agua, y experimentado con harinas leudantes y no leudantes, de varios o pocos ceros, con aditivos "secretos" (maicena por ejemplo) o sin ellos.
Otro punto a considerar, tan importante como el del cuerpo era la cola. Las proporciones y el peso son claves. Los materiales "nobles", retasos de tela (generalmente de sábanas viejas o camisas) en tiras finitas y largas. La cantidad y espacio de separación es un secreto más guardado que la fórmula de Coca Cola. El objetivo es principalmente alcanzar la mayor maniobrabilidad sin sacrificar la magestuosidad de un prolijo "peinado".
Un punto neurálgico en la búsqueda del éxito eran los tirantes, son esos hilos que atados a los parantes (de caña o cañitos plásticos) confluyen unidos a hilo madre que termina en madeja.
La asimetría lo haría inmanejable y la extensión excesiva era sinónimo de inestabilidad y probables caídas en tirabuzón.
Por último los detalles estéticos. Retoques de color, anilina para las telas, apenas tempera al agua para el papel.
Después hacía falta tiempo de secado, viento (mal tiempo sin lluvia mejor todavía) y muchas ganas.
Y... a probar el prototipo/producto terminado.
Lo que les acabo de relatar, créanme bajo juramento que, no es una revelación completa, eso sería causa de "hara kiri" respetando al niño que todavía mira el mundo a través de mis ojos.
Porque fueron muchos los barriletes que mordieron el polvo, arañaron el orgullo y se enterraron en la bronca de desaprovechar un día especial de barrilete, y ese costo tan alto limita la desclasificación de algunos secretos.
Cuando recuerdo esas rabietas de fracasos barrileteros, valorizo esas tardes enteras de varios dias (las mañanas pertenecían a la escuela), donde los abuelos me cedían la mesa de la cocina para desplegar el arte y la alquimia de pibe con ínfulas de ingeniero aeronáutico, técnico químico y científico del juguete, al abrigo del frío y al calor de un cariño permanente imponderable.
Tanto las valoro que en la escala inevitable que solemos construir con estúpidos propósitos, están varios segmentos de mérito arriba de aquellas otras tardes donde el barrilete le hizo cosquillas al cielo y el éxito eclipsó al resto.
Que loco no? Los fracasos de mis barriletes artesanales son hoy ocasiones memorables y parte de los cimientos de mis pequeñas fortalezas personales, en una época donde se sostiene que el fracaso, se antepone (relativiza) a la intensidad misma de los signos vitales para decretar la muerte de alguien...
Sí, mejor no vemos luego, para la próxima un homenaje a aquel gran barrilete...
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