martes, 11 de diciembre de 2007

Noviembre

Se escapó entre los dedos, sin querer.
Resultó que viajando, cruzando muchas fronteras, la intención existió, como existe de estar aquí cada vez que pueda, quiera o necesite.
Pero la escusa que me redime es la novela que escribo, no me quita el sueño pero si el tiempo de pasarme golpeando teclas entre presión y nervios.
Ya vendrá gente, la tendrán a mano y hasta me animaré con algún anticipo. Irrelevante para la literatura seguramente pero espero que merezca la mugre de los libros de playa algún día por lo menos.
Estuve en la madre patria unos días, no la biológica España sino la conquistadora, la apropiadora USA. Allí donde el primer mundo se pasea por cada rincón. Incluso donde duermen los indigentes los sueños de los esclavos, o las pesadillas placenteras distantes de el mundo perverso que los rodea, casi como en todas partes, el olvido te vuelve invisible y las lágrimas te coronan solitario.
Orden incómodo el de andar tan ordenado, hasta el desorden tiene lugares preasignados. Abandono el idioma de Cervantes y Cortazar, pero Borges me susurra al oído que aproveche y que me atreva con el de Shakespeare. Le hago caso y me río, me escucho delirando, animándome a más de lo debido. Concedo el adjetivo sustantivo de turista sudamericano, a quién le duelen los precios tanto como los callos de caminar para conocer y evitar los taxis y el tránsito.
Me despierto un sábado en la ciudad de los petroleros y el mundo parece detenido, salgo a la calle y siento que la humanidad ha terminado y soy el último habitante vivo del planeta. Hasta que veo a mis congéneres culturales, los latinos, inmigrantes la mayoría, ilegales casi todos, que pintan de impecable una ciudad casi desierta.
Marta, Francisco, José, María, Rosa, todos López, García, Montes, Lozada o simplemente Ruiz.
Son las variables ocultas de ajuste de una economía increíble, abaratan las tareas operativas. Esos negritos, gordos de mal alimentados, o los mojados latinos hacen funcionar el mundo como los duendes de Papa Noel fabricando juguetes. Barren, cuidan, cortan, levantan, construyen, arreglan, limpian, ordenan y sobreviven con poco.
Economía del primer mundo hipocresía de cuarta. Un país increíble, de gente agradable pensado en grande para afuera, manejado apenas hacia dentro.
Extrañe el mate, la humedad, la siesta, el mangueo, la coima y el asado. Me sentí incómodo pensando en el orden que buscamos por estos pagos, queriendo ir hacia un lugar que no existe, si no es que lo creamos. NOSOTROS.
Nos olvidamos de creen que podemos ser "nosotros", confiar y pensar que hay mucho trabajo en camino para construirnos en la complejidad de hacerlo inclusivamente amplio y simple. Agrandamos los sueños y achicamos cimientos. Eso hacemos y hemos hecho.
Viajar es hermoso, pero llegar no es fácil, uno nunca vuelve completo, gana y pierde peso. Alma, corazón e intestinos sufren en cada llegada y partida. Pedazos de uno se resignan y abandonan el viaje de ida o de regreso. Así los amigos tienen una porción pequeña de mi alma, donde sea que estén ellos o yo. El corazón en cambio lo reservo para mi familia pequeña, lo dejo en sus manos cada vez que me alejo.
Ellos se quedan con todo el músculo cardíaco por razones poco razonables, más que nada emocionales. Se lo ganaron de apoco, con caricias de mamitas pequeñas antes y con los "miní papi, mini (vení papi, vení)" cada vez que internet me facilita el puñal de la distancia acortada por la instantánea de la video conferencia.

Nos vemos pronto, lo juro.
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