viernes, 9 de mayo de 2014

La corticotrofina hipotalámica , los relojes y las mujeres



La besé y toqué tanto como pude. Quizás ella no quisiera tanto, o por ahí quería más y yo no supe aprovechar esa chance mágica. Paré sólo cuando sentí que se escurría en mis brazos como agua.

Entendí que había estimulado la liberación de CRF, ese factor liberador de la corticotrofina hipotalámica. Y como todos saben, el CRF liberado en abundancia tiene el potencial de activar circuitos neuronales responsables de la respuesta sexual espontánea.

Acabó. Y el orgasmo nos sorprendió en plena calle, a semi oscuras en un atardecer de otoño con mi dedo índice señalando el infinito. Aunque el mayor también supo acomodarse a su manera, pero esto sólo lo supe cuando el aire volvió a ser suficiente para oxigenarme el cerebro.

Me dijo que sintió frío y la abrace con el alma, esperando que mi calentura fuera suficiente abrigo. Me susurró al oído que era tarde, después de mirar con evidente disimulo el reloj en su muñeca.

La vi subir al colectivo de luces violáceas, que apareció a esa hora sin que me diera cuenta. Apareció tan inoportunamente como se alejó dejándome envuelto en una nube tan negra como insalubre. Yo camine de regreso. De ida en realidad, porque claramente no me había venido.

Cuando cruce la trigésima sexta calle tuve un instante mágico de inspiración. Un sublime soplido divino sobre mis ideas desparramando tanto papeleo al pedo.

Entonces todo me resultó claro.

Las mujeres con reloj claramente no me convienen.
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