lunes, 14 de enero de 2019

No he dejado de escribir

Abandonado visitante, perdirle disculpas sería una segunda afrenta después de tenerlo ahí, en ascuas, esperando por una entrada en este blog que no ocurrió casi nunca.
Iluso yo que sigo convencido que habrá alguien del otro lado después de publicar esta breve entrada. Y egoísta u optimista empedernido porque hoy por hoy poco importa si usted está ahí hoy... ojalá esté cuando algo bueno se publique.
Y esta no será una publicación de ese tipo.
Sólo es una declaración de honor, para aclararle a quien quiera leerlo que a pesar del poco tiempo disponible no he dejado de escribir. Y como si fuera poco empezaré a dictar clases sobre el tema. Si, de cómo escribir una novela en tiempos de no lectura. Otra de mis quijotadas, arremetiendo contra los molinos de viento a pesar de la marea en contra.
Pero he descubierto, no hace mucho, que hacer un poquito de Quijote me hace bien. Por eso es que pretendo todas las mañana agregar aquí algunas líneas. No será una bitácora, sólo será lo que sea. Salga o no, algo se publicará.
Después de 5 años de ser socio fundador de una editorial pequeña, entendí bastante más sobre la naturaleza humana. ¿Pensará el lector que relación existe entre el brote de la zanahoria y los agujeros negros?.
Es que no hay nada como descubrir el talento humano y la miseria que suele acompañarlo. No es que todos los escritores sean miserables, no pienso eso ni de lejos. Sólo ha quedado claro que la miserabilidad es una contraparte de la humanidad en el sentido amplio de la palabra. Es cultural, reactiva e inconsciente.
¿Verdad de perogullo dice Ud.? Si, es posible. Lo sorprendente para mi sobre este descubrimiento es sobre su asociatividad particular con el talento.
El mismo motor egocéntrico que nos mueve a todos, se escapa de la jaula muchas veces y muerde sin intención pero de gravedad a los que más cerca se tiene.
Entendido esto, todo resulta más sencillo. No es que tenga la predisposición a aguantarse cualquier cosa pero resulta más sencillo para todos.

He seguido escribiendo. En parte por esa miseria, que brota como reacción a tanto hacer para otro lado en vez de apuntar para donde uno sueña, que es hacia donde dirigirse.
He seguido escribiendo porque ayuda a reconocerse y transformar lo que salga en algo que seguramente es más positivo.
¿Se imaginan a Stephen King no siendo escritor? Con esa imaginación, lo prefiero escribiendo que en cualquier actividad alternativa...





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